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El calendario mexica: Veintena 4, Huey tozoztli

(27 de abril al 16 de mayo del 2026)

La cuarta veintena del calendario mexica, Huey Tozoztli (“gran vigilia”), estaba dedicada principalmente al maíz, siendo sus deidades centrales Chicomecóatl y Cintéotl. El rito fundamental de este periodo era el cinteoanaloyan, que simbolizaba la captura de Cintéotl. Este acto se representaba cuando, uno a uno, los mexicas recogían una planta tierna de maíz o una raíz de maguey. Estas, junto con siete mazorcas envueltas en papel rojo y depositadas en una troje —donde se resguardaban los granos destinados a la siembra, a manera de purificación—, se consideraban la materialización de sus dioses. Algunas mujeres llevaban estas plantas al templo de Chicomecóatl y se golpeaban con ellas. En el patio se realizaba una representación de las deidades, a las que se ofrendaban flores, tortillas, frijoles, atole y ranas asadas.

Las puertas de las casas se adornaban con espadañas (plantas acuáticas alargadas) y se les untaba sangre extraída de las orejas o las piernas. Las imágenes domésticas de los dioses eran enramadas y se colocaban alimentos frente a ellas como ofrenda.

Además de las celebraciones dedicadas al maíz, en estas fechas también se realizaban sacrificios infantiles en honor a los tlaloques, entidades asociadas a la lluvia, descritas como seres pequeños que rompían cántaros en el cielo para producir el trueno. Las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún señalan que estos rituales se intensificaban en épocas de sequía y tenían lugar, entre otros sitios, en el Monte Tláloc. Se elegía a niños con ciertas características específicas —como ser particularmente llorosos o tener dos mechones rizados en la frente—. Para los padres, la experiencia era profundamente ambivalente: por un lado, el sacrificio se concebía como una contribución a la supervivencia colectiva; por otro, el dolor de la pérdida era manifiesto en su llanto durante el trayecto al sitio ritual. Aunque el sacrificio humano formaba parte de la lógica religiosa mexica, no deja de evidenciar una dimensión esencial: quienes participaban en estos ritos eran, ante todo, seres humanos enfrentando decisiones extremas en contextos de necesidad.

Resulta difícil establecer una relación directa entre estas prácticas y la celebración contemporánea del Día del Niño. Sin embargo, la coincidencia temporal invita a una reflexión incómoda: si bien hoy se conmemora a la infancia, persisten formas de “sacrificio” menos visibles pero igualmente reales. Niños que trabajan, que carecen de acceso a una educación de calidad o a una alimentación adecuada, o que crecen sin vínculos afectivos sólidos. La infancia es breve y no se repite; por ello, más que celebrarla de forma simbólica, convendría examinar con mayor rigor las condiciones en que se vive. Huey Tozoztli, leído desde el presente, puede funcionar como un recordatorio de la responsabilidad colectiva hacia quienes atraviesan esa etapa.

Fuentes:
Historia general de las cosas de la Nueva España, Fray Bernardino de Sahagún.
Arqueología mexicana, número 71, 5 Calli/2017. Calendario 2017 y calendario mexica, 2017.
Arqueología mexicana, número 59, 3 ácatl/2015. El Calendario mexica y el actual, 2015.

Imagenes:
1. Historia general de las cosas de la Nueva España, Fray Bernardino de Sahagún.
2. Sitio web de arqueología mexicana
3. Tlaloque. Imagen de stock dreamstime.com

¡Llegué a Santa María la Ribera cuando tenía 7 años!. Tengo una maestría por la UNAM con estancia de investigación en Sociología Urbana en la Universidad de Wroclaw, en Polonia. Guía de turistas en México y Polonia. En 2016, fui nominado como Ciudadano del Año en México por mis contribuciones como activista y cronista local. Mis recorridos guiados por Santa María y el Centro histórico ganaron el premio freetour.com como los mejores tours de Norteamérica en 2024 y 2026 respectivamente.

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